LA CAÍDA DE UN IMPERIO

Hace unas semanas le vimos hincar la rodilla en el suelo, y tras un espectacular tanto desde la esquina izquierda al Figueirense, llorar desconsolado la muerte de su padrastro, simbolizando una perfecta metáfora del que ha sido uno de los jugadores más espectaculares que se han visto en los terrenos de juego.

Mi memoria futbolística tiende a acortar épocas y espacios, pero no hace tanto tiempo, le veíamos bailar sambas en los córners tras la celebración de algún espectacular gol o contagiar su alegría a millones de futboleros de todo el mundo, con su inconfundible gesto, la señal de shaka. No hace tanto que el Olimpo del fútbol se rendía a sus pies. Hubo un tiempo en el que incluso madridistas reconocidos, como el que escribe estas líneas, nos tragábamos partidos y más partidos del eterno rival sólo por admiración hacia su magia. Hablo de un tipo que llevando puesta la elástica azulgrana levantó al Bernabéu.

La temporada 2002-2003 significó el fracaso definitivo de Joan Gaspart como presidente del FC Barcelona. La mala marcha del equipo (sexto, a 22 puntos del campeón, y eliminado en cuartos de Champions frente a la Juventus) acabó con la dimisión en el mes de abril de Joan Gaspart y ese verano las elecciones para presidente dieron como ganador a un joven, y delgado, Joan Laporta. El templo azulgrana necesitaba un héroe. Y ese héroe no tardó en aparecer de la mano de la gran labor que realizó para su fichaje Sandro Rosell, que tuvo como rivales nada menos que a Ferguson y su Manchester United.

Todos habíamos oído hablar de él, incluso yo recuerdo verle marcar aquel imborrable gol a Inglaterra en el Mundial de 2002, que finalmente la Pentacampeona acabaría llevándose a su palmarés. Pero no éramos capaces de imaginar, por lo menos yo, de lo que sería capaz de hacer con un balón en los pies sábados, domingos, o incluso martes y miércoles. Y ya no sólo lo que era capaz de hacer con un balón en los pies, si no lo que era capaz de conseguir con su imborrable sonrisa. Era el portador de una sonrisa que no ocultaba nada, segura de sí misma, una sonrisa que pese a la evidente fealdad de Ronaldinho encandilaba a todos. Era una sonrisa capaz de dibujar un punto de inflexión en un vestuario inundado por la tristeza, la desesperación, la derrota, y en el que no reía ni Dios.

Fue una sonrisa capaz de cambiar a un equipo y afición con dinámica perdedora en el equipo campeón de dos Ligas consecutivas y de una Champions. Fue la sonrisa de un líder.  El propio Xavi Hernández, que ha compartido vestuario con Messi e Iniesta, que ha competido con jugadores de leyenda cómo Zidane o Ronaldo, campeón de un Mundial y dos Eurocopas, le definió como el jugador con más talento que ha visto en el mundo del fútbol. Y no exagera.

 

Era un jugador capaz de marcar las diferencias. Un jugador capaz de, como se vio en aquél partido en el que se ganó al Camp Nou en horas no recomendables para niños, como entonces lo era yo (00:00 de la noche, ante el Sevilla), el sólo recoger un balón de Valdés y recorrer más de medio Camp Nou, para quebrar con un eléctrico regate a un oponente y desde lejos empalarla a la escuadra contraria. Ronaldinho fue el jugador capaz de marear a sombreros a tres defensas del Athletic, un jugador capaz de romper cinturas con la facilidad más aparente. Capaz de marcar goles como aquel que sufrió medio Chelsea en general y Peter Cech en particular, aquel gol en el que tras un baile de amagos en una baldosa sobre un inmóvil balón, chutó como si su pierna fuese un palo de golf dibujando el esférico una trayectoria que pasó por entre dos líneas defensivas del Chelsea y pilló de improvisto al guardameta checo. Ese año ganó el Balón de oro, tenía el mundo del fútbol a sus pies, y decidió darse un respiro. Su humilde familia estaba acomodada, su imagen la manejaban diez multinacionales a su antojo, dándose la paradoja de estar solo, rodeado de mucha gente. Su vida no le pertenecía. Esperando una respuesta agradable por parte de los que le idolatraban, esperando que estos le llevasen en volandas y le perdonasen todos los errores que cometería, perdió toda la motivación que se le presuponía.

Isaac Newton, en su Ley de la Gravedad citó una máxima que toda persona conoce, “todo lo que sube, vuelve a bajar”. Por motivos académicos estoy acostumbrado a convivir con el colapso de los grandes imperios. La Historia demuestra que aún por muy alto que subas, el porrazo será aún mayor. Roma en sus días de apogeo era pudiente y tenía el ejército más poderoso de toda la Tierra, pero no pudo evitar sucumbir ante una gran crisis interna, así como a las amenazas externas.

Roma constituye un curioso caso para ser comparada con el mago de Porto Alegre, en cuyo desmoronamiento encontramos dos factores fundamentales: su crisis interna, y la amenaza de otro imperio: el de un joven Lionel Messi.

Tras acabar el Mundial de Alemania, con la sorprendente caída en cuartos de una canarinha que conjuntaba el mejor elenco de delanteros del mundo (Ronaldo, Robinho, Kaka’, Ronaldinho, Adriano…), fue otro Ronaldinho el que volvió a la ciudad que sirvió a Carlos Ruiz Zafón como inspiración para su Sombra del Viento, o a artistas como Gaudí. Y fue ese año, el 2007, cuando su magia se difuminó como cuando acaricias tu dedo sobre un trazo de lápiz plasmado en un papel.

El mismo Ronaldinho, tras perder la Liga de aquella temporada, aseguró a Laporta que volvería a ser el mejor Ronnie, pero la siguiente temporada sólo fue un aliciente más en su decadencia. Lo que para él antes era diversión, se convirtió en desidia. La noche ya no le valía para divertirse, sino para dejarse llevar por una indolencia considerable. El rendimiento de Ronaldinho bajó, a la vez que su baja condición física provocada por la constante actividad nocturna sin descanso. En abril de 2008 una enésima lesión acabó por apartarle definitivamente del equipo, y tras la llegada de Guardiola en sustitución a Rijkaard, abandonó el club en dirección San Siro.

Milán no fue sino una extenuación más de su baja condición física y de su imparable decadencia. Aficionados y medios de comunicación no tuvieron piedad con él e incluso el mismísimo Silvio Berlusconi lo llevó a prometer mejorar. Pero esas promesas, al igual que las que un día le hizo a Laporta acabaron por hundirse en la más profunda nada. Aun así, la temporada 2009/2010 le valió como oasis en este inmenso letargo, en ella llegó ha convertirse en el líder que necesitaba el Milán con 16 asistencias y 15 goles, aunque huelga decir, que muy lejos de su auténtico nivel.

Tras el periplo rossoneri abandonó Europa en dirección a casa y se incorporó en las filas del Flamengo, dónde tuvo sus altibajos, estando de nuevo en el punto de mira de prensa y aficionados por sus salidas nocturnas. Estas consecuencias, sumadas también a un posible impago económico, le llevaron a acabar fichando por el Atlético Mineiro, donde actualmente vuelve a dar señas de mejora, aunque lejos, muy lejos del “Dinho” que tuvo a todo el mundo del fútbol a sus pies. El “Dinho” al que todos intentábamos imitar, el que nos llevaba a elegir en el Pro Evolution Soccer al eterno rival sólo por manejarle y el que nos mantenía ilusionados frente al televisor mientras esperábamos un nuevo truco de magia.

Por Jairo Pulpillo

@RustlingMag y @Jairopl93 en Twitter

Anuncios

Una respuesta a “LA CAÍDA DE UN IMPERIO

  1. Excelente Jairo. Has logrado emocionarme con reminiscencias estupendamente escogidas y tratadas en el marco de un hilo cronológico efímero e intenso, del jugador de fútbol con mayor potencial que haya visto jamás. Un artículo de 10 para un futbolista de 10. Su juego, sus goles, su sonrisa, su saludo, sus bailes y ahora este artículo formarán parte de mis recuerdos, recuerdos que alguna tarde contaré a mis nietos desde un asiento del Camp Nou, mientras ven a al equipo de su alma triunfar; como triunfó el Barça de Dinho aquel 17 de mayo de 2006 en una lluviosa noche de París.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s