MISIVA A MI PAÍS.

No aguanto más, y tengo que soltártelo, no a la cara. No me atrevo. Así que te mando esta carta, en la que digo, sin más ni menos lo que pienso:

Nunca fuiste algo, pero, ahora nada eres de lo que antes intentaste ser, siempre cayéndote. Cada día te noto más rara, distante, fría. Diferente, en definitiva. Por la mañana, suelo creer que mejoras, pero siempre vas a peor. No sé hasta qué punto puedo soportar tu benevolencia hacia el que te machaca. Dejas que te pegue, te humille y maltrate, sin que las pequeñas vocecitas de tú alma, de la que yo formo parte, podamos hacer nada. ¿Por qué no nos dejas? ¿Por qué has llegado a ese punto en el que todo te da igual? ¿Ese punto en el que ya, cual persona que bebe para olvidar, tú te aíslas y auto engañas en las victorias deportivas, sabiendo, que aún efímeras, sólo son una parte de una realidad a la que le das la espalda, y cuya solución a sus problemas delegas en tu propio maltratador?

Vives en una realidad extraña,  impasible. Como si cerraras los ojos.

La verdad, aunque me duela, tengo que decirte que estás recogiendo lo que en su día sembraste. Sabías que no siempre iba a ir bien, pero aun así, adornaste tu cuello con ajuares, tales como aeropuertos sin aviones y tu brazo con circuitos de fórmula 1. Aún teniendo ropa en el armario, gastaste más de lo que tenías en vestirte con ciudades de las Artes y las Ciencias o de la Cultura en Santiago de Compostela. Siendo un equipo de mitad de la tabla, quisiste jugar Champions, y compararte, en un grandilocuente gesto de orgullo, a los clubs más importantes del momento, y, claro, descendiste.

Mientras salías de compras, distracciones y excesos económicos, olvidaste barrer la casa, olvidando a su vez que el polvo y la mierda se acumulan. Que si no tiras la basura, se pudre aún más, y contamina todo lo que está a su alrededor. Olvidaste, que sin trabajar, no se obtienen ingresos. Y que si gastas más de lo que ingresas…Pues eso, amiga.

Te has dejado llevar por la envidia al vecino, el orgullo, la avaricia, la grandeza, el despilfarro, el todo vale. El aquí te pillo, aquí te compro. El todo va muy bien, el soy la dueña del mundo. Princesas del pueblo y toreros. Has escupido a la cultura, al que te dijo ten cuidado. Has callado, aguantado, mirado hacia tu propio ombligo y has seguido a lo tuyo. La corrupción, el engaño. El vuelva usted mañana, que yo hoy no curro. El sí tengo dinero, para que quiero lo demás. El sí tengo dinero, pues voy a por más. Has jugado en la ruleta.

Has perdido.

¿Y ahora qué?

Te han prometido brotes verdes. Sí, en su jardín, el de los que ahora te esclavizan y sodomizan. Es más, hasta me han contado, y creo que es verdad, que se ríen de ti mientras friegas de rodillas el suelo de sus casas.

Sabes que no hay más ciego que el que no quiere ver y tú tienes la realidad delante de tus ojos. Y lo mejor de todo, puedes cambiarla. Así que, por favor te pido, que intentes escapar de esta esclavitud. Y nadie más indicada que tú para desatar esas cadenas. Tú, que un día, me hablaste de libertad, de igualdad, de justicia, educación y cultura. Que te callaron, secuestraron durante unos largos 40 años y supiste escapar. Sólo te pido que seas tú. Has arriesgado, has perdido, caído. Pero sé que te levantarás, le plantaras cara a tus poderosos opresores y volverás a sonreír, sin cometer los errores que ya has cometido, y emprendiendo un nuevo camino, que te lleve a ese lugar que cada una de tus pequeñas voces de tu alma deseamos.

Por Jairo Pulpillo

@RustlingMag y @Jairopl93 en Twitter.

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